11 de julio de 2011

Las verbenas populares de Chamberí

Foto de La Revista Moderna. 1899. Verbena en la calle Santa Engracia.


“Desde el Carmen a Santiago no se pone el sol en Chamberí” reza un dicho popular en desuso tal como recordaba el inolvidable Santiago Amón en ABC en el año 1982.


Si la “primera verbena que Dios envía es la de San Antonio de la Florida” y la última de la serie de celebraciones populares es la famosa de la Melonera dedicada a la Virgen del Puerto allá por el 8 de Septiembre, convengamos que la verbena del Carmen es como el ecuador de todas ellas.


Se pregunta la gente sobre la razón de que la Virgen del Carmen sea la patrona de Chamberí. La advocación a la virgen marinera debe venir por la gran cantidad de calles del barrio de adscripción marina. La cuestión es que no he encontrado en ningún sitio la razón. Ni siquiera la parroquia del barrio en la que se organizan las procesiones está dedicada a la Virgen palestina pues como todo el mundo sabe nuestra parroquia mayor lleva por nombres los de Isabel y Teresa.


Sea como sea ahora cuando el suelo de Madrid se convierte en un manto natural dorado  propiciado por la caída del pan y quesillo- perdónenme esta cursilería- de nuestras abundantes acacias es cuando se inician los festejos carmelitanos. Nada que ver las fiestas de ahora con las de otras épocas. Yo creo que la mayoría de los vecinos ni se enteran.


Antiguamente, pongamos hasta los años de la guerra,  las fiestas debían ser tremendas. Por ejemplo estoy viendo el programa de festejos de 1910 en el que se adelantaban los hitos mas importantes:


Día 16. Festividad de la Virgen. De siete a nueve de la mañana, diana por la reputada música y banda de cornetas y tambores del Hospicio, que recorrerá las principales calles del distrito.

A las diez, función principal en la iglesia parroquial, siendo panegirista de las glorias de Nuestra Señora del Carmen el doctor D. Francisco Terrero Riesco. Por la tarde, a las seis, después de la Novena y Reserva, saldrá en solemne procesión pública la Augusta Patrona del distrito, recorriendo las calles de Eloy Gonzalo, Trafalgar, plaza de Olavide (lado izquierdo), Luchana, Cisne, plaza de Chamberí, Santa Engracia, glorieta de la iglesia, a la parroquia, donde en su atrio se estacionará la Virgen dando frente al público, antes de su entrada en la iglesia, donde se cantará la Salve y despedida.

De ocho y media a diez de la noche, cinematógrafo público en la glorieta de Bilbao, siendo amenizado por la banda de Arapiles.

De diez y media a una de la noche, concierto musical por la indicada banda en la glorieta de la iglesia, dando principio los fuegos artificiales a las once y media, hasta la terminación del concierto en dicha glorieta. Como el día anterior, iluminaciones y bailes públicos.

Día 17. Misa de campaña infantil. A las ocho de la mañana, y, previa invitación, los batallones infantiles organizados actualmente en Madrid, precedidos de músicas, se trasladarán por las principales calles del distrito, en correcta formación, a la plaza del Dos de Mayo, donde existe el histórico Arco de Monteleón, en el que se hallará él templete para el altar, engalanado con flores, plantas, banderas y gallardetes, observándose por los-batallones infantiles iguales instrucciones que usa el Ejército en casos análogos.

A las seis de la tarde se verificarán las carreras pedestres, organizadas por varios jóvenes domiciliados en el distrito, y cuya carrera seguirá el itinerario siguiente: Plaza de Chamberí (punto de partida), Santa Engracia (lado derecho) a la glorieta de los Cuatro Caminos (dando la vuelta por el costado derecho), Bravo Murillo (lado derecho), glorieta de Quevedo, Eloy Gonzalo (lado izquierdo), glorieta de la iglesia (lado izquierdo) y Santa Engracia (lado izquierdo), al punto de partida.

De ocho y media a diez de la noche, cinematógrafo público en la plaza de Olavide, amenizándose dicho acto por la charanga de Arapiles. De diez y media a una de la noche, concierto musical por la indicada música en la glorieta de Quevedo, dando principio los fuegos artificiales a las once.


La verbena propiamente dicha se solía instalar en la calle de Trafalgar entre Eloy Gonzalo y la Plaza de Olavide. Y en casi todas las casas los vecinos celebraban particularmente las fiestas con las célebres limonadas. Yo todavía he llegado a conocer en los años 80, del siglo XX advierto, no se vayan a pensar que soy mas viejo, puestos de limonada en las calles traseras de la iglesia de la glorieta, en la calle Medellín por ejemplo.


Cada año tenía sus innovaciones. En 1925 por ejemplo se llegó a la fiesta un grupo de dulzaineros de la villa soriana de Valdanzo. Y en ese mismo año se celebró un castillo de fuegos artificiales que fue la sensación de todo Madrid. En 1907 hubo una cabalgata a la que se acercó una muchedumbre “gigantesca” según el ABC. No sé si algo tuvieron que ver los gais de la época..

Estos últimos años la fiesta ha decaído mucho. Si te lees el programa de la de este año se te cae el alma a los pies. La institucionalización de la misma, la desaparición de los vecinos como organizadores  la han convertido en un festejo que no llama la atención ni de los nativos del barrio. Tan es así que la Asamblea Popular del distrito ha decidido animarla convocando una merienda popular para el próximo domingo 17 a las nueve de la noche en la plaza de Olavide. Habrá música. Aparte de decidir acercarse el día del pregón, el día 15, a las 20,30  a sacar tarjeta roja a nuestras autoridades por su forma de entender las fiestas populares.

ACTUALIZACIÓN 11 JULIO DE 2012

Este fin de semana se celebran las fiestas del distrito de Chamberí dedicadas a la Virgen del Carmen. Mi amigo Pablo Herrero días atrás nos aportó el enlace de un artículo dedicado en 1931 a las verbenas de Madrid por su abuelo Luís Hernández Alfonso. Me parece oportuno incorporarlo al post inicial como homenaje a un escritor que dedicó sus mejores páginas a testimoniar sobre el Madrid de aquellos años. Es mucho lo que ha cambiado Madrid desde entonces pero lo escrito entonces mantiene su pleno valor cívico y literario.

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 25 de julio de 1931 en la sección «Comentarios» del diario madrileño «La Libertad». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España:

Un buen amigo nos ha hecho abandonar los libros y salir de casa en esta noche amable de verano madrileño.

—Vamos a dar una vuelta por la verbena —nos ha dicho—. No todo ha de ser política ni problema social.

Y con acento de cariñosa censura ha añadido:

—Os amargáis la vida sin intentar disfrutar de ella. Metidos en vuestro cuarto de trabajo, llegáis a olvidar que hay alegrías. Miráis el Mundo por un agujero en el que habéis colocado vuestro prisma. Las imágenes llegan a vosotros deformadas, confusas, inexactas. En cualquier incidente vulgarísimo veis un pavoroso problema…

No replicamos. ¿Para qué discutir? Él no logrará inyectarnos su optimismo ciego, y nos repugna desvanecer su grato modo de entender cuanto le rodea.

Vemos, aún lejos, muchas luces de colores y llega hasta nosotros el sonido, que la distancia hace suave, de los organillos verbeneros. Nuestro escepticismo vacila y abandonamos un poco el gesto de resignación malhumorada que adoptamos al salir a la calle. Acaso hay alegría en la masa que se adivina entre los barracones iluminados, y de la que brota un rumor de resaca en mares norteños.

*

—¡Siempre regalo!

En los estantes, figuritas de barro, muñecas, floreros; esos mil objetos que suelen adornar las viejas cómodas en las comedias de Arniches.

Una mujer soñolienta canta más allá:

—¡Tres anillas, diez céntimos!

Nadie se detiene ante la pirámide formada con botellas. Tres arrapiezos se arrastran en derredor de la mujeruca. Van apenas cubiertos con algo que fueron delantalillos y son ahora jirones de tela mugrienta.

Dominando la algarabía, suena otra voz estridente.

—¡La suerte de las personas! Diez céntimos el oráculo.

Luego pasamos por puestos de golosinas. Las almendras garapiñadas reciben oleadas de polvo. Un jovenzuelo, vencido por la fatiga, duerme en un rincón de la barraca. Su postura es inverosímil.

«Caballitos del Tío Vivo», deteriorados, vetustos. Parecen extraídos de la calma en que yacieran, después de largos años de servicio, en un ignorado museo. Helos aquí; son los mismos que conocimos hace cuatro lustros, y que entonces nos parecieron maravillosos. Siguen dando vueltas, como si jamás hubieran de morir. Acaso, por un poderoso capricho de la mecánica, funcionan desde un siglo atrás y sobrevivirán a nuestros nietos. Contemplándolos, olvidamos cuanto nos circunda y creemos vivir de nuevo los días de niñez. Hasta el hombre que los cuida parece «aquél», con su gorra terciada sobre una oreja, la colilla en los labios y una anacrónica camiseta a rayas malcubriendo su cuerpo musculoso. «Caballitos» clásicos… Viviremos dejando nuestra vida en la lucha; vendrán otras eras, otras costumbres. Los males de la Humanidad desaparecerán, como las generaciones. Y vosotros seguiréis dando vueltas, testigos de la admirable metamorfosis.

*

En pabellones decorados chillonamente, sobre un tabladillo que hay junto a la puerta, unas desventuradas, exhibiendo marchitos encantos, se mueven con ademanes obscenos, mientras entonan en charlestón trasnochado. Sus voces tienen un dejo de cansancio. Una de las «estrellas» interrumpe el canto, para gritar:

—Pasen, caballeros… Sólo para hombres.

La gente, agrupada ante el pabellón, sonríe con gesto pícaro que nos lastima. Alguien aventura una frase que pretende ser ingeniosa: «Son Dolores del Río, Jeannette Mac Donald, Greta Garbo y María Alba…». Nuestro amigo se ríe. Nosotros no podemos. Pensamos que aquellas mujeres hipotecan su dignidad por unas pocas monedas, insuficientes para garantizar su sustento.

*

Rifas; tiros al blanco. Familias que, robando horas al sueño, esperan la llegada de parroquianos. Allí están desde el anochecer hasta la madrugada para reunir un puñado de cobre.

«Carrouseles» vertiginosos, donde los hombres hacen alarde pueril de tranquilidad y las mujeres ostentación de cobardía, que se traduce en gritos penetrantes. ¿Sienten la necesidad de aturdirse?

Luego, aparatos que sirven para que algunos demuestren dos cosas: que poseen buena musculatura y que no hallan nada mejor en que emplearla. Columpios, aguaduchos, freidurías…

*

Nos sentamos en la terraza de un bar. Mientras bebemos cerveza, desfila ante nosotros una legión de vendedores ambulantes, que con voz en la que vibra la súplica nos ofrecen mariscos, mojama, almendras.

Luego, muchas manos imploran limosna. Hay mendigos viejos, niños, mujeres, jóvenes impedidos. Un individuo, que en compañía de una mujer pública bebe refrescos en una mesa cercana, protesta a gritos del asedio:

—¡Qué plaga! ¡Cuántos vagos! No sé cómo los dejan…

Los mendigos se alejan presurosos. Y el honorable burgués, que acaso no haya trabajado nunca, susurra en el oído de la cortesana:

—Mañana te compraré…

Nuestro amigo se siente feliz. Saborea el dorado líquido, cruza las piernas, enciende un cigarrillo y tras de lanzar un chorro de humo, exclama:

—¡Qué noche más hermosa! ¿Ves? Es que no sabéis divertiros. Si hoy no te saco de casa, ni siquiera hubieras venido aquí a distraerte.

Sonreímos; no sabemos si por no defraudar a nuestro amable acompañante o para evitarnos la violencia de una dolorosa sinceridad.

*

Cuando regresamos a casa, las calles están silenciosas. Sólo, alguna vez, suenan los pasos de un transeúnte que vuelve rápido a su hogar. Al pasar por una taberna percibimos rumor de disputa. Dos alcohólicos riñen por el pago de unas copas.

Continuamos la marcha, y entonces vienen a nuestra memoria las palabras de Blatchford: «Contra la noción corriente de que todos serían buenos si quisieran, defiendo el principio de que los seres humanos serían buenos si pudieran»; y el comentario de Tarrida: «Mientras existan ciertas condiciones anormales que se opongan a la felicidad humana y perpetúen el sufrimiento, la teoría determinista justificará la revolución, que es la manifestación de la lucha necesaria contra dichas condiciones…» (1).

LUIS HERNÁNDEZ ALFONSO

———

[1] El comentario de Tarrida del Mármol a la cita de Robert Blatchford, procedente de la introducción de su libro Not Guilty, está tomado del capítulo «La diagonal determinista» de Problemas trascendentales, obra publicada por el ilustre anarquista cubano en 1908 y que había aparecido con anterioridad en el folletín de «Tierra y Libertad» correspondiente al 7 de noviembre de 1907. [Nota de Pablo Herrero Hernández]
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