15 de abril de 2012

LA MÍTICA SEÑORA DE LOS CHISTES DE AMOR A 20 DUROS Y OTROS PERSONAJES CURIOSOS.

Esta foto apareció originalmente en una entrada del interesante blog Género Ful.



“Otro artículo de nuestro colaborador Miguel Reina. Un recuerdo de entrañables personajes de las calles de nuestro barrio”

En los años 70 y parte de los 80 era relativamente habitual ver personajes peculiares, extraños, diferentes.

Concretamente, en la calle Fuencarral conocí a 3 personajes que correspondían a esas señas de identidad tan particulares.

Una era aquella anciana señora que durante tantos años deambulaba sobre la zona de los cines PAZ, ROXY A Y ROXY B tratando de vender sus famosos chistes de amor a 20 duros. No eran más que pequeñas cuartillas dobladas y la verdad es que no se solía ver apenas gente que los comprara.

La gente la miraba con estupor. Una mujer muy mayor, de aspecto un tanto fantasmagórico, parapetada en aquel abrigo tan característico, aquel gorro, aquellos taconazos.

Por lo que se comentaba, los chistes no tenían mucha gracia, y eran fundamentalmente verdes y escatológicos.

Otro caso más que curioso, también lo constituía otra mujer, aunque en este caso mucho más joven.

Se trataba de una persona que fue agraciada con 100.000 pts. en la lotería al principio de los 80, pero se fundió todo el dinero. Se situaba junto al Rodilla, sus empleados la conocían muy bien, en la esquina de Sandoval con Fuencarral, provista de una guitarra de solo 3 cuerdas, y allí, con un insoportable ruido. Además cantaba.

En ocasiones cambiaba de ubicación y se situaba en los pasillos largos que hay en la estación de metro de Bilbao, con un cartel que rezaba aquello de "Me alquilo para bautizos y comuniones".

El tercer personaje fue un hombre, que en esos primeros años 80, deambulaba siempre ente Bilbao y Quevedo, vestido con un saco, pidiendo limosna.

Una vez, el dueño de la perfumería Ángel, en el 132 de Fuencarral, le quiso regalar un abrigo que él no usaba, pero nuestro personaje a voz en grito y con  grandes aspavientos lo rechazó de plano, alegando que con ese abrigo no podría hacer negocio. Un abrigo demasiado bueno como para pedir limosna, había que seguir con el saco puesto.
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